CLASE 9: La forma en proceso
Los días son largos, la noción de tiempo o de las
horas o los segundos ya no son aquellos con los que nos construimos, a los que estamos
acostumbrados, que a esta hora hay que hacer, cuántas horas hay que hacer o cuánto
hay que hacer.
Los días ya no tienen los colores que tenían, que
observábamos caminando en las calles, en nuestros lugares habituales, en cada
rincón de esta ciudad. Las hojas dejaron su color verde brillante, vibrante,
intenso; mutaron a color otoño, volaron, se desprendieron, se cayeron y siguen
volando libres sin que nadie las junte, sin que nadie las observe o sienta el
crujido en sus pies mientras camina hacia algún lugar. Los días siguieron pasando,
quizás era momento de encontrarnos, de encontrarme, encontrar mi hogar y todo
lo que lo habita y me habita, llegó el momento de explorar.
Exploré: colores, materiales, palabras, sabores. En
esa exploración también encontré limitaciones, intenté romperlas, intenté
evitarlas y esconderlas, intenté y no paré de intentar; “No se dibujar pies, no
se dibujar manos” pensaba, por qué pienso que no lo sé, le dedique mucho tiempo
a eso, mire videos, busqué paginas para practicar y practicar, y pensar mis
propios dibujos, sin copiar fotos, sin tener una referencia. Crear
Luego me proponen dibujar un lugar, el lugar en donde
me gustaría estar hoy, ¿cómo sería ese lugar? ¿Qué tiene? ¿Cómo es? ¿De qué
color o colores? ¿Quién está allí? Cuando agarré el lápiz me invadieron las
ganas de escuchar el sonido del mar, en leer con una brisa fría pegándome en la
nuca, de tomar un mate que caliente un poco esas manos del frío sureño.
Quisiera estar lejos de la ciudad, viendo estrellas, miles de estrellas y apareció
un planeta en el cielo, lo imaginé de colores rosados y brillantes, comenzaba a
atardecer y cada segundo que pasa se vuelve más brillante, el dibujo no tiene colores,
pero los pensaba mientras los iba dibujando.
El planeta y el cerro de la playa comenzaron siendo
una línea sin fin plasmando líneas curvas, además el objeto que inserté en el
dibujo de los trabajos anteriores fue el saco, aunque le cambié el carácter de
la forma totalmente y la perspectiva desde donde se estaba viendo el mismo, en
los trabajos anteriores se lo podía ver de frente, en cambio en el dibujo se ve
de costado. Elegí este objeto porque el abrigo es un buen compañero para no
dejar de ir al mar, no dejar de disfrutar ese momento, que es y fue mi gran
inspiración toda la vida.
Para el segundo dibujo me situé en el lugar en el que estuve
la mayor parte del tiempo durante la cuarentena: mi habitación. Además es mi
lugar favorito en esta ciudad, siento la ausencia del aire libre, de los atardeceres en el bosque, de un abrazo
compañero. Pero en este lugar hallé a alguien: a mi misma. Comencé a decorarla,
le puse un mueble, le acomodé libros, cds, una computadora prestada y mis
grandes compañeros en esas cuatro paredes: lápices y un cuaderno artesanal
hecho con cosas que tenía guardadas, reciclando.
Cuando pensé en este dibujo quería de alguna forma
traer allí el mar, sin que deje de tener los objetos que caracterizan ese lugar
como propio, también recordé un sueño que tuve hace un tiempo en el que yo
abría la puerta de mi habitación y veía desde la ventana una ballena anaranjada
y violeta. El cardumen que aparece saliendo del mueble fue una forma de
representar el encuentro con otres, el momento de estar juntes que también es
parte de nuestro momento de crear.

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